‘Tiempos de cambio’, mirada a una nueva era tras la pandemia

El trabajo de Monika Bravo utiliza su increíble paleta de color para hipnotizar al espectador.

Monika Bravo se sentía preparada para la pandemia; no solo porque tenía una conexión permanente con amigos en China y en Italia y tenía información de primera mano de la verdadera dimensión de lo que se avecinaba, sino porque en otro momento, también en Nueva York, donde está radicada hace años, había sido testigo del comienzo de otra era con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Bravo tenía su estudio en las Torres Gemelas y perdió a un amigo en la tragedia, “desde entonces, con mucha disciplina, estudié con los maestros para entender la condición humana, a traves del taoismo, la ‘kabbhala’, el budismo, la astrología evolutiva, y el diseño humano creando una síntesis e integrado el mistiscimo y la expresión creativa a partir del color y la forma”.

La obra sobre la pandemia que presenta para EL TIEMPO y el Mambo no es pesimista. Habla de cambios y oportunidades, de una nueva era. Utiliza su increíble paleta de color para –en sus palabras– hipnotizar al espectador y hacerlo entrar en la obra. Y en la obra, en medio de signos astrales orientales y esferas de conocimiento, habla de la caída del patriarcado, de instituciones como la iglesia y la industria del petróleo (en la parte superior derecha se ven unas torres petroleras y en uno de las líneas horizontales hay una iglesia gótica). En uno de los textos que incluyó en la obra se lee: “La única revolución es ser uno mismo”. Y lo que viene es una revolución: “es una posibilidad para trascender”, dice.

“Monika Bravo nos ofrece una obra-palimpsesto, un verdadero archivo de memoria del cual ella extrae un repertorio potencialmente infinito de formas y colores. Bravo relanza la tradición de la abstracción geométrica latinoamericana en una síntesis cromática y perceptiva casi metafísica, una característica siempre presente en la obra de esta enigmática artista”, dice Eugenio Viola, curador jefe del Mambo.

Bravo inauguró una muestra en el BID justo un día antes de que se declarara la cuarentena; viajó en tren de Nueva York a Washington con todos los artilugios de seguridad posibles y evitó todos los contactos físicos. Y, por supuesto, la muestra se cerró al público al día siguiente. Bravo es una de las artistas contemporáneas más interesantes de su generación; su obra se apodera de todos los medios, imágenes y referentes posibles y, de hecho, todavía no sabe el verdadero soporte de esta obra: puede ser una animación o una tela. Ya lo veremos.

TOMADO DE: EL TIEMPO

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